La miniatura en plastilina como contrapartida a la escultura monumental no es una obra que se impone al espectador, su formato le permite dialogar con él y que éste la reubique cuantas veces quiera; a diferencia del bronce de los parques y plazas, que violenta visualmente el paisaje sin preguntar a nadie sobre su existencia.
Un retrato no debe ser necesariamente algo serio, no hay idea que no se pueda expresar con pequeñas dosis de humor, “el humor es una categoría estética de las más altas en el arte, e incluso diría yo, que es una herramienta fundamental del conocimiento humano” Melquiades Herrera. Hago mía la frase.